La jaula de nuestras exigencias

Libérarse del perfeccionismo, no es otra cosa que dejar de vivir bajo presión.
El perfeccionista puede pensar que lo contrario al pensamiento rígido es la irresponsabilidad, nada más lejos.

El perfeccionista acaba siendo irresponsable con su salud emocional.

La responsabilidad con lo externo pero también con nosotros mismos,eso define el pensamiento flexible.
No es lo mismo querer hacer las cosas bien, que hacerlas por miedo a equivocarse o fracasar.
La autoestima es falsa, solo valgo si consigo esto o aquello, pero cuando lo consigue el perfeccionista no es capaz de disfrutar solo siento un alivio momentáneo, No se disfruta de las cosas, siempre hay algo que se DEBE mejorar.
Esa rigidez y baja autoestima (aunque en apariencia parezca una alta autoestima) hace que se sea muy vulnerable a la critica y se busque la aprobación de los demás.La autocritica es destructiva, se vive con la presión del látigo, continuos autodialogos negativos de las consecuencias negativas de no conseguir las metas exigidas y comparación con los demás.
Autoexigencia consigo mismo y con los demás que se traduce en una continua frustración.Impaciencia y falta de flexibilidad con las circunstancias y con los demás.El uso de “deberías “ y “tengo que “ producen que las emociones generadas oscilen entre la presión del deber y la culpa cuando no se consiguen los objetivos propuestos.Esos mismos “deberías” producen una conducta que se denomina procastinación (tendencia a dejar algunas cosas para mañana) y que les llena todavía más de culpa y frustración.