En un instante

Comparto relatos que escribí hace unos años

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En un instante pudo contemplar la esencia de la vida, este aprendizaje que la vida se empeña en regalarnos aunque hagamos oídos sordos a ello.

En ocasiones duele  para lograr entender sus mensajes. A veces no nos gusta lo que la vida parece decirnos y creemos que aunque ese camino fuese el bueno conlleva demasiados riesgos, demasiadas explicaciones, demasiadas desilusiones, demasiados cambios, y consumimos la filosofía “de más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”.
Todo esto lo comprobó en ella misma, su cuerpo y su mente habían sido como un GPS emocional, la consecuencia del desgaste  de aferrarse a lo autoimpuesto, a las costumbres sociales, al que dirán.

Pero ¿y donde quedaba ella?
Que difícil liberarnos de las creencias aprendidas que son como piedras pesadas que llevamos metidas en la mochila, que sin ser conscientes de ellas, influyen en nuestras decisiones, que nos llenan de dudas y miedos, y que convierten nuestro camino en una oscura escalera, sin libertad de movimiento. Esclavitudes emocionales, que se tejen imperceptiblemente alrededor de nuestro cuello.

No podemos huir de nosotros mismos, porque al final de esa huida existe un gran espejo que no podemos evitar, donde nos miramos un día, intensamente y a los ojos y ya no existe escapar  al autoengaño, ni a las anestesias emocionales ni las distracciones.
Ese día nos situamos ante ese enorme espejo y no nos gusta lo que dice, no nos gusta lo que refleja, hasta nos cuesta reconocer esa imagen de nosotras que el espejo nos devuelve. Cuando esto sucede ya no hay vuelta atrás.

Por eso ella supo que ese instante era diferente a otros, ya no temía la incertidumbre, porque en lo inseguro se mostraba la posibilidad de ser feliz.

(Relatos Gabriela Lardiés . 2009)