París

Maravilloso poema de Alicia Armas, del 2018

 

Me dije adiós en París.
Mientras miles de extraños
agitaban sus corazones al aire,
yo rompía el mío
contra el suelo frío de Notre Dame.
Las gárgolas se reían congeladas,
alegres por tener
algo que devorar.
El rubor de tus pasos
al darte la vuelta sin contestar
hacía sonar las campanas
con silencios vaporosos.
Las palomas escapaban
como aviones de papel,
planeando con sus sombras
sobre caminos de musgo
que absorbían los restos
de mi sangre y de mi piel.
Volví a ser nadie y desarmada,
con la sorpresa
de una carcajada interrumpida.
La memoria se torció y parió una venganza
emergida de la nada.
Nadie,
por detrás de la última fila,
el tendero y la vendedora de flores,
los amantes de la llamada perdida,
la ciudad de los tres colores…
¡Arde París y por mí no llores!”.

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